(La historia que os vamos a empezar a contar hoy en este blog de sexo gratis es clásica en muchos sentidos, porque ha sido contada de un modo u otro en muchas ocasiones, y porque incluso hoy día está de actualidad en algunas culturas):

No venimos de la India ni nada de eso, pero sí de un pueblecito italiano (Falúa) muy poco avanzado en muchos sentidos, muy aferrado a las viejas costumbres. Allí no es que los matrimonios concertados sean obligatorios culturalmente, y mucho menos legalmente, pero en muchas familias se considera una práctica habitual, casi una tradición, como en la etnia gitana.

follando en el salon

Somos tres chicas (yo soy Valentina, por cierto), mi prima, una sobrina por parte de hermano mayor y yo. A todos efectos en mi familia es como si fuésemos hermanas, y las tres somos solteras. Hace tiempo que vivimos en Estados Unidos, pero por Navidades las familias vinieron a vernos y nos presentaron a dos hermanos de un pueblo vecino y que también se habían mudado hace poco a nuestra ciudad (Nueva York, como en la serie).

La cosa es que nos dejaron de piedra cuando nos los presentaron como futuros maridos. “¿¿¿Qué???” Fue nuestra respuesta al unísono. Una encerrona en toda regla. No es que estuviésemos obligadas, pero nuestros padres son mayores y muy anticuados, y no queríamos que se ofendieran, así que como mínimo debíamos quedar con los chicos y conocerlos.

Así, mientras la familia iba a conocer la ciudad y el país en el que nos encontrábamos, nos dejaron con los dos hermanos, muy guapos y musculosos, por cierto, para que nos fuésemos conociendo un poco. Lo que no sabían nuestros inocentes parientes es que acabaríamos follando en el salon.

Aparte de que lo de los casamientos acordados nos fastidiaba mucho nuestra libertad, estaba el tema de que habían contado mal. Éramos tres chicas para dos chicos, así que en el rarísimo caso de que aceptáramos salir con esos dos, una se iba a quedar sujetando las velas.

Pero sucedió algo muy extraño. Nos habían obligado a conocernos para casarnos y todo eso, pero mi prima, la que menos interesada estaba en casarse, propuso una gamberrada que aunque nos tomamos a broma poco a poco fue cobrando forma: hacer una orgia en casa, y con suerte vendrían más tarde y nos sorprenderían revolcándonos en el salón.

Bueno, esto último no pensaba permitir ni de lejos que sucediera, pero cuando empezamos con los juegos y las provocaciones, no nos pareció tan mala idea lo del sexo anal, por aquello de que no había preservativos en casa.

(Continuará)

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