(Ya está aquí la esperada segunda parte del relato sobre sexo esclavo que empezamos ayer en el blog porno; recordemos que este chico negro despertó de súbito en una jaula envuelto en las tinieblas… y en las manos de dos mujeres ardientes y deseosas de su pene…):

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En ese momento no tenía conciencia plena de ser un hombre forzado, o más bien debo decir que ese hecho no me importaba demasiado, al contrario, me excitaba aún más. Tal vez estaba aturdido y por eso no me daba cuenta de lo que sucedía. El golpe en la cabeza contra los barrotes había sido doloroso, quizá sangraba, no lo sé, no podía concentrarme en otra cosa que esas manos…, y esa boca.

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Me habían arrancado la camiseta, y las caricias se habían convertido en otra cosa más intensa. Esas dos mujeres estaban compartiendo y mamando polla negra con deleite, mi polla negra. No sabía si era una fiesta de disfraces, una inocentada o un genuino secuestro, y bien poco que me importaba.

Incluso me di cuenta de que las manos no las tenía atadas como yo había creído, o la cuerda se había aflojado. Y lejos de apartar a esas dos mujeres y de intentar salir de la jaula, traté de ponerme cómodo y de contemplar el espectáculo, no era suficiente con sentirlo. La negra que se había unido a la mamada era una maestra en la felación, y sus tetas…, bueno, estaba deseando tocarlas, poseerlas, pero quizá me tenía que conformar con dejarlas hacer a ellas.

La sensación de abandono era más fuerte incluso que la de sometimiento. Normalmente trato de complacer a las mujeres y me contengo mucho, pero en esta ocasión no tenía que hacer nada, solo dejarlas disfrutar con su caramelo, relamerse como gatitas esperando su platito de leche…

Pero no me desahogué a las primeras de cambio, a pesar de la situación. No sé si fue por el aturdimiento, o porque en el fondo temía lo que me pudieran hacer si se les acababa el juguete demasiado rápido. El caso es que la mamada me produjo una especie de trance orgiástico del que fue incapaz de escapar…, hasta perder la consciencia…

Y eso es lo último que recuerdo de mi extraño secuestro. Tal vez algún día encuentre la explicación…

… O tal vez algún día regrese a esa jaula, quién sabe.

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Una respuesta a El sexo esclavo negro

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