(Ayer empezamos en el blog porno un exótico relato sobre un tipo que quería follar con indias y al fin encontró a una dispuesta a tener sexo gratis con él):

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No fue difícil intimar con ella. Como iba todas las semanas una o dos veces, al final le resulté simpático, y con el tiempo había más complicidad entre nosotros. A veces me quedaba mirándola, pensando en su nombre (no lo diré, porque quiero recordar esto como lo que fue, una historia de una noche), y me convertía en una persona de lo más galante que intentaba ligarse a la camarera porque era la mujer más atractiva que había visto jamás.

follando con indias

Bueno, en parte, y solo en parte. La chica no tenía el cuerpazo perfecto de la bailarina, pero tenía buenas tetas y desde luego sabía contonearse de manera muy sexy. Sus rasgos eran muy occidentales, por lo que quizá o no era de la India y simplemente se disfrazaba (con el puntito rojo en la frente incluido), o había nacido aquí y sus padres no eran ambos de la misma raza.

El caso es que me daba igual. Yo quería acabar follando con indias y se me había presentado una oportunidad única.

Me alegré al descubrir que yo también atraía a esa camarera exótica que al principio mantenía las distancias, pero que poco a poco fue devolviéndome las insinuaciones. Un día me atreví y la invité a comida india, en un alarde de humor, y ella aceptó. Pero le dije que tenía que ser comida a domicilio, en mi casa, y solo si me la llevaba ella…

Guau, le entré fuerte, pero había confianza y creía que la tenía en el bote.

En efecto. Al terminar su turno fuimos a mi piso, y sin más rodeos la pasión nos enturbió la razón y acabamos retozando por todo el salón. He de decir que las indias follando no son muy diferentes a cualquier otra raza (o quizá es que no era india del todo), pero desde luego disfruté como nadie cuando se quedó desnuda solo con sus alhajas y su tika en la frente, cuando me la chupó mientras me decía cosas en un idioma que no entendía y que bien podía ser turco, cuando probé su coñito húmedo y bien depilado, sus caderas anchas, pero ardientes y su culo inquieto que poseí desde todos los ángulos posibles…

En fin, que me sentí como en un cuento con sabor oriental, con vacas sagradas y cánticos agudos acompañados de melodías cálidas que podrían hipnotizar a una serpiente y por supuesto a un hombre.

Bueno, y después de haber satisfecho mi fantasía, me he pasado a la comida china…

(No te pierdas el video porno gratis que ilustra el relato)

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