Rubia que se lo traga todo

(Primera parte del relato erótico de Sexo Gratis sobre esta interesante tragona de pollas)

La conocí en uno de esos pubs de playa cuando la música aflojó un poco. Era imposible no fijarse en ella. Su vestido dejaba poco a la imaginación. Un escote tan abierto que te podías tropezar y caer en él, una faldita tan corta que no podías dejar de verla bailar por si de pronto descubrías algo nuevo entre sus interminables muslos, una melena rubia que despedía polvo de hadas cada vez que se agitaba o los focos incidían sobre ella.

 

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Tenía otras dos grandes virtudes, ya me entiendes. Sí, pero aparte era simpática, cercana, la clase de chica a la que te puedes acercar incluso sin segundas intenciones y que no te espante a base de menosprecios ni de insultos velados. Otra cosa en la que destacaba era que le gustaba beber, y mucho. Se lo tragaba todo, y no tardó en sugerirme que si la invitaba a alguna que otra copa.

La verdad es que me caía demasiado bien como para preocuparme de si me había topado con la típica que te calienta la polla para sacarte todas las copas que pueda a base de enseñarte sus pezones marcados tras la camiseta y algún que otro bailecito sexy.

Pero me equivocaba doblemente. La chica se vino a mi apartamento de manera natural, como una amiga a la que conoces, con la que congenias y acabas viendo una buena película en casa o charlando con un grupo de amigos en común mientras escuchas música y tomas unos aperitivos.

En definitiva, creía haber hecho una amiga. Una amiga que estaba muy buena y que quería follarme, pero una amiga al fin y al cabo.

No sé si sería por el alcohol, no la veía muy ebria, pero el caso es que se abalanzó sobre mí en mi piso. Quería dejar el colegueo y la amistad para más tarde, ahora me deseaba, y yo a ella, para qué nos íbamos a engañar. Menudo fichaje había hecho en el pub. Si antes de salir esta noche me hubiera planteado ligarme a una mujer así, ni yo mismo me lo habría creído, porque aunque tengo confianza en mí mismo, no es que yo destaque especialmente por mi físico ni voy llamando la atención con un coche caro o relojes de oro.

¿Ya os he dicho que le gustaba tragar? Bueno, sí, alcohol sí que le gustaba tragar, pero también era una verdadera tragona, ya me entendéis…

(Continuará)

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