(Continuación del relato erótico “Sexo con universitarias” en el que Carolina, una stripper universitaria, se emborracha y acepta hacerle un favor sexual a Lucas, un novato simpático):

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… Tenía sentimientos encontrados. Por un lado me fastidiaba que ese novatillo me considerase una de esas guarras borrachas que se follan a cualquiera, pero por otro el cuerpo me pedía un bailecito sensual, y Lucas no estaba nada mal, o sería que yo iba muy ciega. Por cómo me desnudaba con la mirada antes de que comenzase a quitarme la ropa, me temí que se iba a correr antes de que llegara a bajarle la cremallera. Pero me daba igual, a mí me habían pedido que me metiera en el papel de una de esas universitarias cachondas que los tíos buscan los jueves por la noche, y lo iba a hacer.

Eso sí, pensaba pasármelo en grande primero, y lo que más me excitaba era la situación, ver lo que podía sacar de este novato. Estaba dispuesta a jugar, a enrollarme con él de verdad, igual hasta me gustaba y teníamos una relación seria, nunca se sabe.

Le tiré de la camisa y le obligué a levantarse y bailar junto a mí, pegados, moviendo las caderas, respirando nuestro aliento y sincronizando nuestras miradas y sonrisas. Poco a poco se fue soltando, y aunque bailar se le daba fatal, se separó unos centímetros de mí y me siguió el ritmo con los brazos y la cintura, al tiempo que me aplaudía con la mirada y dejaba que yo me luciese para él.

Y, claro, en un baile así al final acabé quitándome la ropa poco a poco. Me hizo mucha gracia, porque cuando el sujetador voló hacia el sofá a él ya se le notaba un bulto exagerado en el pantalón, y se le veía rojo de la vergüenza, aunque estaba tan seguro de que iba a follar que le daba igual la cara de tonto que ponía.

—¿Te gusta el show? —le pregunté con voz sugerente.

Universitarias borrachas

No sabía lo que me iba a durar este, pero cuando me quedé solo con las bragas estaba tan mojada que necesitaba averiguarlo. Es solo un rollo de una noche, me dije, algo ebria, un poco de sexo duro para aliviar tensiones en los estudios, no lo veas como follarte a un tío por encargo (y encima sin cobrar).

Cuál fue mi sorpresa, cuando lo tumbé en el sofá y le bajé yo misma los pantalones, porque ante mis ojos se encontraba uno de los penes grandes más apetecibles que había visto en mi vida, y lo cierto es que no me equivoqué en mi pronóstico. En cuanto me acerqué esa verga para chuparla y saborearla, me avisó a tiempo de correrse y salpicar en mis tetas, lo que me hizo mucha gracia, porque era como en una película porno.

Ah, pero esta historia tiene una feliz moraleja. Era un chico joven, y como estaba tan excitado no tardó en penetrarme en diferentes posturas. Lo mejor fue cuando me acostó boca abajo contra el sofá y me folló poniéndose detrás. Solo tuvimos que parar un poco hasta que se le pusiera bien dura, pero después me inmovilizó de tal forma que acabé suplicándole que no parase, diciéndole guarradas y gimiéndole cuánto me gustaba. Lo mejor, aparte de los tres o cuatro orgasmos que encadené (no recuerdo cuántos), fue la sensación de liberación y de abandono sobre el sofá, donde acabamos durmiendo los dos, su pene húmedo pegado a mis muslos.

A la mañana siguiente (que no fuimos a clase), estuve tentada de follármelo otra vez, porque se había despertado con una erección descomunal, pero decidí, ya más sobria, que no me gustaba lo suficiente, y no quería que se encariñase demasiado. Pero en fin, nunca se sabe, igual algún día repito curso con él…

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