(Ayer en el blog porno comenzamos este relato de sexo en el desierto. Hoy te mostramos la segunda parte y su clímax final. Incluye vídeo porno):

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Por cómo me miró mi amiga cuando le dije qué podíamos hacer si tenía sed para pensar en otra cosa, creí que me iba a mandar a la mierda y que mi plan de sexo se iba a fastidiar. Pero por suerte había escogido bien a mi acompañante para esta aventura. A ella también le iba el sexo extremo y se excitó mucho con la situación.

rubias follando

Por un momento pensé que el calor le había provocado algún tipo de fiebre, por cómo me agarró los huevos, cómo empujaba hacia arriba mientras me chupaba la punta, como si de verdad estuviese extrayendo líquido para bebérselo (y ciertamente, así sería al final), pero al poco descubrí que se trataba de una bien entrenada técnica de felación que hasta ahora no había probado.

Al principio dolía un poco, me machacaba las pelotas y me masturbaba y chupaba con energía, pero en una posición que me ayudaba a disfrutar de manera relajada, sin miedo a correrme antes de tiempo. La cámara apenas había comenzado a grabar y yo quería tener más material para visionarlo más adelante. Por supuesto, ella sería la primera que vería el vídeo conmigo.

El suelo, muy terregoso, no era muy cómodo para tumbarse, pero las esterillas que llevábamos nos permitían estar más o menos cómodos. Hacía calor, pero al quedarnos desnudos la poca brisa que corría nos aliviaba bastante. Y aunque íbamos de grandes exploradores curtidos en ambientes extremos, nos habíamos embadurnado de protector solar (y de lubricante, ya puestos), así que lo cierto es que estábamos disfrutando de un momento de sexo al aire libre muy placentero.

Lo mejor, sin duda, fue escucharla gemir, y que su arrullo de excitación fuese lo único que se escuchase más allá de la brisa sobre las hojas de las cuatro palmeras que nos rodeaban.

Mientras ella me follaba sobre mí con su voluptuoso cuerpo casi inmóvil (tan solo movía los músculos de su coño con una destreza difícil de describir), sentía que el sol tostaba mis huevos y turbaba mi mente con la fiebre del sexo. No sabía si iba a acabar deshidratado, si iba a sufrir una insolación o si iba a sufrir un desmayo, pero desde luego la corrida fue tan intensa que una luz cegadora nubló mi visión, y lo último que recuerdo haber contemplado antes de ese glorioso momento fue sus enormes pechos balanceándose sobre mí y su expresión de absoluto placer.

(Más vídeos de rubias follando en el enlace).

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