(Comenzamos hoy con la primera parte del relato porno sobre baloncesto porno, de cómo un duelo cara a cara en la cancha acaba en una genuina orgía):
Algunos deportistas somos muy fanfarrones, eso hay que reconocerlo, pero os prometo que la historia que os voy a contar es cierta, me pasó a mí en la cancha de baloncesto, y no voy a exagerar ni un poquito, por fantástico que parezca.

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Había por el campus un par de chicas que en principio me parecieron muy presumidas, tontas incluso, la parejita típica, la rubia y la morena terriblemente maquilladas y con un cuerpazo de playa. En fin, que mi colega y yo, que solemos entrenar tarde sí tarde no, las veíamos desfilar, y aparte de comentar lo buenas que estaban comentábamos lo tontas que eran.

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Pero un día nos sorprendieron en la cancha. En lugar de sus modelitos habituales nos las encontramos en el pabellón con unos tops ajustados que creíamos que iban a reventar en cualquier momento y que sus tetas iban a saltarnos un ojo. Tenían unas curvas de personaje de videojuego y hoy venían menos maquilladas, más naturales, y por ello, para mi gusto, mucho más atractivas.

Era imposible concentrarse con ellas ahí delante. Llevaban el top, los pantalones y las zapatillas deportivas de un color distinto, pero yo solo veía carne bronceada, carne, carne, ombligo, pechos, pezones marcados, más carne, más carne, piernas largas, abdomen firme, exquisito cuello, sexo orgia, sexo, sexo, ¡sexo!

Parpadeé y aun así no me creí lo que nos estaban diciendo con cierto deje chulesco que en otras circunstancias no me habría gustado nada. Mi colega, que no parecía tan sensible al bombardeo visual que nos ofrecían esos dos cuerpos bien torneados, me miró como esperando una respuesta. En ese momento me di cuenta de que esas dos chicas de primero de carrera nos estaban desafiando a un partido de baloncesto, un uno contra uno, vaya.

Como estaba nervioso y excitado (y deseé que solo se me notara lo primero y no el empalme debajo de los calzones deportivos), solo se me ocurrió carcajearme de la propuesta:

—Ja, ja, ja, ¿que vosotras nos desafiáis a un partido de baloncesto? Ja, ja, ja. Pero ¿sabéis que estamos en el equipo de la universidad, no?

La rubia era la que llevaba la voz y las tetas cantantes:

—Mira, te desafío a ti, por bocazas, a un uno contra uno, tú contra mí, chaval, pero con una condición…

—A ver, a ver, cuenta… —me reí, aunque un poco más serio esta vez, esa rubia me ponía muy nervioso.

—Jugaremos tú y yo, pero después de tener sexo en la cancha y de que te corras, entonces acto seguido jugaremos, y nos apostaremos cien pavos, ¿hace?

La verdad es que ni pensé en las consecuencias ni en lo que me estaba apostando, que era una cantidad considerable para alguien como yo, sin apenas dinero. La posibilidad de tener sexo gratis con esa pedazo de rubia me nubló el sentido.

(Continuará)

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