(Continuación del relato sobre secretarias cachondas que os presentamos ayer en el blog porno. Hoy día, por trabajo se hace casi de todo…):

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Me fijé en el anillo de casado del entrevistador. Me alivió que el chico finalmente aceptase a mis peticiones, porque no quería tener que recurrir a amenazarle con contar lo que había visto en la sala de striptease y lo que había estado haciendo después con una de sus compañeras de trabajo.

Además, el chico me atraía. Él solo quería hacer las cosas medianamente bien para la empresa, pero si era capaz de divertirse en una sala de striptease, bien podía hacerlo otra vez conmigo. Trabajo y sexo… Mala combinación, si no tienes la conciencia tranquila en casa, pero eso ya no era mi problema.

secretarias cachondas

 

Sabía que no le había pasado desapercibida la forma en que mis tetas sin sujetador se balanceaba bajo mi top, así que lo primero que hice fue enseñárselas y atosigarle con ellas, ayudarle a que se desnudase y hacerle una mamada de las que yo llamo “entusiastas”. Cuando hago mamadas gratis, es decir, que no me pagan por ello, le pongo más empeño. ¿Curioso, verdad?

Lo cierto es que el chico tenía una polla muy bonita que sabía bien, pero estaba obsesionado con mis tetas desde aquel striptease que le hice y en el que esperé bastante hasta enseñárselas. Empezó a follármelas, desatado. Ya que le había acorralado de esa forma, mejor si se limitaba a disfrutar. Veo que lo has comprendido, cariño, pensé con satisfacción. A veces soy mala. Mala de verdad. Pero vuelvo a decirlo, necesitaba el trabajo, y antes de que eligiesen a alguna enchufada…

Cuando se hartó de follarme las tetas vino lo bueno. Me hizo subirme a la mesa y me folló por detrás de manera algo torpe, no sabía por dónde agarrarme, aunque sus embestidas me pusieron muy caliente. Lo mejor vino cuando decidió ponerse bajo mí, todavía sobre la pulida mesa de oficina, y me penetró con furia hasta que no pude hacer otra cosa que ahogar los gritos, no fuera a ser que viniese otra candidata y descubriera el pastel.

Reconozco que nos cundió mucho sobre aquel conglomerado barnizado de negro. Probamos diferentes posturas y perdí la cuenta de cuántas veces me corría, cosa rara en mí. Todavía me estremezco cada vez que paso por delante de esa mesa negra. Y no estoy segura, pero creo que el chico también se corrió un par de veces.

En fin, como dicen por ahí, un trabajo bien hecho…

(Y a continuación, el vídeo porno que ilustra este relato. Más videos porno gratis en el enlace, por si te has quedado con ganas de más…)

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