(Hoy en Sexo Gratis os presentamos la primera parte de este relato porno sobre chicas ricas y sus calientes clases de piano…):

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Me contrataron para darle clases de piano a una jovencita rubia que iba para actriz, para actriz porno…

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Cuando sus padres no se daban cuenta, se dirigía hacia mí como una putita de dieciocho años. Cuando sus padres la observaban, era todo recato y formalidad, sumisión incluso. Cuánta hipocresía.

Era ya mayor de edad, pero en su casa las cosas se hacían así, y todavía ejercían cierto control sobre ella, o eso creían.

Parte de su control consistía en planificarle su futuro, la universidad, las compañías, y ciertas actividades “recomendables”. Tocar el piano era una de ellas. Sus padres lo veían como algo elitista que quedaba muy bien en las fiestas de sociedad, pero yo era un músico de corazón, no me gustaba enseñar a jovencitas frívolas que solo lo hacían por contentar a sus padres.

Sin embargo, encontré que el sexo duro con esa rubia merecía la pena.

Lo hicimos durante la primera clase. Pensé que porque quería buscarme algún problema y acabar con las clases, aunque me dejé llevar. ¡Cómo no hacerlo! Siempre he sido débil con las mujeres, y más si se me insinúan de manera tan descarada y lasciva.

Cuando me senté para probar el piano se abalanzó por detrás y me tocó el paquete. Tengo los huevos grandes, así que la presión me hizo daño, teniendo en cuenta el poco espacio que había en el banco, pero así y todo me gustó.

La creí sincera cuando me dijo que solo aceptaba estas clases para contentar a sus padres, que los quería mucho, pero que eran unos pesados. Y que ya que teníamos, los dos, que aguantarnos, lo mejor era disfrutar de verdad, y que luego le enseñase lo básico para desenvolverse (aunque pensé que seguramente acabaría diciéndole a sus padres que ella no había heredado su oído musical).

En ese momento no me importaron en absoluto las clases, sino la espectacular mamada de la rubia. Sería joven, pero la chupaba de maravilla. No me preguntó si yo estaba casado o algo, así que yo tampoco le sonsaqué si tenía novio. Simplemente, queríamos follar. Tocar el piano es un arte. En cierto modo follar también lo es.

(Continuará)

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