(Hoy en este blog porno de sexo gratis os contamos la historia de este chico que quería follarse a su amiga y no sabía cómo. Pero entonces, una tarde mientras se masturbaba ideó el plan perfecto…):

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La idea me subió por la cabeza como un chorro de genialidad (bueno, y de semen, porque me puse perdido). A los quince minutos estaba llamando a mi otra amiga del alma para que me ayudase a conquistar a la morena tetona. Habíamos estado enrollados tiempo atrás, y todavía teníamos esa complicidad de los amigos íntimos…

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Pero a la amiga que yo quería follarme y que no era tan íntima era la chica con coletas y grandes tetas con la que habíamos comenzado a salir mi círculo de amigos y yo a raíz de que otra de mis amigas la tuviera de compañera de trabajo.

Con el paso de los meses habíamos trazado una buena relación esta morena, Cynthia, y yo, hacíamos bromas e incluso cuando salíamos por ahí hacíamos como que tonteábamos sin ir más allá de un casto beso en los labios (cerrados).

Pero a mí esta morena me ponía muy caliente, me imaginaba follando sobre la mesa de mi salón con ella, pero no había manera de que ella y yo fuéramos algo más que amigos, y eso que no tenía novio ni le iban las mujeres.

El caso es que mi cómplice y yo la invitamos una tarde para tomar café y montamos una actuación merecedora de un Oscar.

Mi cómplice y yo teníamos una de esas discusiones como las que acabaron con nuestra relación en su día, y mi amiga me sugirió que si lo que quería era despertar el deseo sexual de Cynthia lo mejor era una discusión sobre sexo. Y así lo hicimos, mi cómplice me echaba en cara que después de tanto tiempo separados el sexo era muy bueno, pero estaba harta de hacerlo tanto, que necesitaba otras experiencias, que no podía quedarse enganchada de alguien como yo con quien sabía que no tenía futuro como pareja. Que no, que no volvería a acostarse conmigo aunque sus hormonas lo pidiesen a gritos.

Entretanto, yo con cara de perrito abandonado, balbuceando excusas, te quieros, es que soy muy activo sexualmente, no lo puedo evitar…, etcétera.

Al final, mi cómplice se fue dando un portazo (y ocultando una sonrisa) y nos dejó a la morena y a mí solos. Era el momento de averiguar si mi plan funcionaba…

(Continuará)

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