(Primera parte del relato de los rituales eróticos de Paisley Hunter, en el blog de sexo gratis):

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—Soy la humilde servidora de Chardros, dios del caos segador, y quiero que todos cuantos tenéis el privilegio de asistir a esta ceremonia abráis vuestros pantalones y agarréis con fuerza vuestros penes. Procurad aguantar hasta que la sagrada ceremonia acabe, en ese momento Chardros agradecerá vuestra ofrenda de semen. Toda esa energía derramada será absorbida por él y en agradecimiento vuestras vidas sexuales, vuestra riqueza y vuestra fortuna os serán favorables a partir de ahora.

En la oscura y lúgubre sala que huele a hierbas quemadas y a sexo, la apagada luz de las velas destaca la siniestra figura de la gárgola reptiloide que representa al segador de almas. La suma sacerdotisa, con su fino atuendo ceremonial que deja al descubierto sus protuberantes pechos, permanece impasible ante el público asistente, solemne en lo que para ella es un acto de gran trascendencia. Sin duda, su energía femenina, sus jugos derramados, son muy poderosos en comparación con la débil energía de cada una de las pollas que presencian el acto, por eso se ha escogido a un número considerable de espectadores masculinos, para equilibrar el flujo de energías.

Para acompañar a la suma sacerdotisa en la ceremonia, una jovencita de pelo rizado y formas generosas se desliza en el altar insinuándose con su lencería de cuero ajustado que deja a la vista todos sus atributos. Sabe que es la favorita de la sacerdotisa, pero tendrá que hacerla gozar para que Chardros se sienta satisfecho y el orgasmo de la sacerdotisa sea pleno. Por eso no se ha escogido a un hombre para saciar el deseo de la principal servidora de este caprichoso dios, conocida su preferencia por las mujeres y la habilidad de su acólita con toda clase de consoladores grandes.

Como las velas solo rodean el altar, el público permanece en la penumbra de la capilla y ellas apenas pueden ver sus obscenos rostros ni sus miembros erectos y goteando un anticipo de lo que será su ofrenda de semen. Tan solo dos fetiches porno, dos mudos cráneos de los sacrificados en anteriores ceremonias, parecen observar lo que acontece en el altar, lo que está a punto de suceder cuando el dios Chardros disfrute de sus dos lesbianas follando y vertiendo su energía en genuina ofrenda…

(Continuará…)

Una respuesta a El ritual porno de Paisley Hunter (1)

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