incesto bondage

Fotografía: Diana Blackwell

Jamás se lo contaré a mi hermana, pero anoche apareció en mi sueño, una fantasía erótica sobre bondage. En realidad no se trataba de un sueño lésbico, ni puede decirse que ella fuese la protagonista, pero estaba ahí, formando parte de un trío que aún me excita con solo recordarlo.

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El protagonista de mi fantasía era ese chico de la tienda de tatuajes. Quizá metí a mi hermana en esta fantasía porque fue ella quien me acompañó para que me hicieran mi primer tattoo, uno de esos tatuajes eroticos en los que aparece un hada sensual de larga melena y busto desnudo.

El tipo que hace tatuajes tiene un torso increíble, está buenísimo, y lleva los brazos completamente tatuados con intrincados dibujos que se esconden en cada uno de sus apetecibles músculos. En mi sueño tiraba las agujas, me ataba sobre una mesa con un cordel rosa e invitaba a mi hermana a mirar, y luego a participar en una experiencia que, reconozco, ojalá hubiese sido real.

Cuando me tuvo a su merced con las piernas en alto y mi coñito al descubierto, en lugar de atacarme por ahí se dedicó a violarme la boca. Yo no podía protestar ni detenerlo, porque también tenía las manos atadas, tan solo me escuchaba gorgotear mientras su potente miembro me llegaba hasta la garganta, lo que curiosamente me excitaba y me producía un agradable cosquilleo por todo el cuerpo, aunque lo que me pedía contacto era mi sexo mojadito.

Por suerte, mi buena hermana estaba ahí para ayudarme. No estoy muy segura de que eso fuera incesto, a ver si me entendéis, se trataba de un sueño, claro, y además ella solo colaboraba. Lo que me sorprendió fue la habilidad de mi hermanita con la lengua, se diría que ha practicado con los coños de esas amigas con las que sale a menudo.

La follada de boca no me disgustaba en absoluto, y más si una lengua hábil me estaba llevando al orgasmo. Así y todo tenía la esperanza de que el hombre de mi sueño me follara con su enorme polla, y sin embargo se limitó a metérsela en el culo a mi hermana mientras ella, eso sí, seguía complaciente llevándome hacia mi segunda corrida.

Ya se sabe que en los sueños a veces no podemos conseguir lo que deseamos, así que me tuve que conformar con correrme atada sobre una mesa mientras se la chupaba a un tío que estaba buenísimo… No, en realidad no me puedo quejar de este sueño, en absoluto.

Lo mejor ha sido la miradita que me echó a la mañana siguiente mi hermana, como si ella hubiese tenido el mismo sueño. Y no os lo vais a creer, pero he encontrado una cuerda rosa en su armario…

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