(Segunda parte del relato de sexo gratis empezado ayer sobre una pareja con problemas y los escarceos sexuales del hombre que sirven para reconciliarse al cabo):

 

… El problema era que había que coexistir en la habitación, decidir qué hacer juntos y todo eso, es decir, eventualmente el viaje de vuelta habría que hacerlo como pareja por los billetes comprados y eso (no nadamos en la abundancia), pero no éramos capaces de mantener una conversación civilizada al respecto si de verdad queríamos romper y regresar apaciblemente a nuestro país, así que preferimos huir el uno del otro mientras durasen las vacaciones.

Lo que son las cosas, ¿verdad? Yo que albergaba cierta esperanza de que las cosas se solucionarían follando en el hotel y reconciliándonos como hacíamos en muchas ocasiones, cuando lo que sucedió en realidad es que acabábamos de romper de manera inesperada.

 

En cierto modo insano me alegré. Para mí suponía un alivio no tener que pensar más en cómo explicarle lo que iba mal en nuestra relación y lo que quería que solucionásemos. No era por el sexo, ni porque me apeteciera, por ejemplo, que hiciéramos sexo anal más a menudo ni cosas por el estilo, aunque eso era un ingrediente más que se sumaba a mi descontento en pareja.

El caso es que tras la pelea, y dado que estábamos en un sitio bastante exótico me encontré como de repente con una situación nueva y tentadora. Lo que mis mezquinos sentimientos me pedían en ese momento, dado el resentimiento que llevaba, era hacerle daño a mi novia, daño de verdad, por ejemplo poniéndole los cuernos a lo grande. Claro que se suponía que habíamos cortado, ¿no?

De todas formas yo sabía que no estaba bien, no solo porque en el fondo la siguiera queriendo, sino porque mi moral me avisaba de que a pesar de la pelea no estaba bien lanzarse de inmediato a los brazos de otra.

De otras… en realidad, porque esa es la historia de trio con dos desconocidas que quería contaros.

Esa noche me largué por ahí a beber para olvidarme de todo el asunto. En verdad no tenía intención de buscar ningún ligue ni nada de eso porque no me encontraba de humor y al fin y al cabo si me lo planteaba era por rencor malsano.

Pero cuando ya había bebido un par de copas, la sensual música de aquel club nocturno al aire libre, la abundante presencia femenina de sugerentes curvas y escotes y sobre todo el hambre sexual que yo acumulaba desde la última pelea con mi novia dispararon mis hormonas…

 

(Continuará)

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