(Relato porno sobre motos, sexo y grandes pechos, vamos, lo que vienen siendo los ingredientes imprescindibles de todo buen relato 😀 )

ver tetas grandes

Fotografía: Malingering

Mason se ajusta su flamante casco de moto. En su mirada hay determinación. Es una ganga y no puede dejarla pasar. Sabe que conseguirá la moto: cuenta con unas tetas muy grandes, con dinero y mucha cara dura.

La primera vez que habló con el menor de los dos hermanos supo que se encontraba frente a un fanfarrón, un machito de los que se creen que las mujeres no entienden de motos. La quería estafar por una Harley de segunda mano. De acuerdo, es una joya y está en buen estado, pero aun así le quería cobrar de más. Después de probarla junto al chico, este accedió a negociar con calma otro día, cuando estuviera presente su hermano mayor. Ella aceptó.

Mientras se dirigía al garaje de los dos hermanos, rememoraba, un poco húmeda, lo que había sentido aquel día: el aire de la carretera sobre su rostro, el arrullo del potente motor, de un sonido sin igual, y la vibración que le erizaba la piel y que era en sí misma un tipo de lenguaje diferente, un código que solo hablaban ella y la Harley. Los pezones se le pusieron duros. Ardía en deseos de conducirla, de poseerla, incluso de tener sexo en moto; eso sería como hacer un trío, porque una moto así era como el mejor de los amantes, y nunca la abandonaría.

Mason sacudió la cabeza cuando llegó a la puerta del garaje. Tenía que aterrizar, volver a la realidad, mostrarse segura. Tocó el timbre.

—He venido a renegociar la compra de la moto. El otro día me dijiste que lo reconsiderarías cuando estuviera tu hermano presente.

El menor de los hermanos, Jordan, le dirigió una mirada indiscreta al potente top que se había puesto Mason para la cita. Ver tetas grandes así le nublaba el cerebro.

—Joder, qué tetazas… —murmuró—. Sí… esto…, sí, claro, pero ya sabes que una moto como esta es algo sentimental para nosotros, y algo tan íntimo solo puede venderse a buen precio si a cambio me demuestras también el mismo compromiso… íntimo.

Mason pilló al vuelo lo que quería. No importaba. Venía preparada… (continuará).

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *