Lluvia dorada en el parque

2 meses hace

(Doblaje figurado del siguiente video lluvia dorada del blog de sexo gratis):

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—Chica, corre, que no puedo más.
—¿Y no puedes aguantarte? Que vamos a llegar tarde…
—Que no, que no.
—¿Pero aquí en la calle? Qué vergüenza me da.
—Calla, mujer, que aquí en el parque detrás de esos árboles no nos ve nadie. Venga, que me estoy meando, ¡que no me aguanto más!
—Ya va, ya va, te sigo. Luego se preguntarán por qué las mujeres vamos siempre juntas al aseo…
—Mira, aquí, detrás del seto ese.

El sol producía destellos sobre el cabello de la rubia que iba delante. Su amiga se fijó en lo bien que le sentaba la faldita corta y ajustada. Tenía un culo bien puesto cuyos carrillos se agitaban con gracia por la urgencia de hacer pis. La que iba delante saltó un bordillo con parterre y se llevó un buen susto.

—¡Ah!, ¡un tío desnudo!
—Ay, chica, qué susto. Oye, pues menuda polla tiene, ¿no?
—Hola, señoritas, ¿qué tal? Estaba tomando un poco el sol.
—Hola guapo. Oye, chica, está súper bueno, esto no hay que dejarlo pasar…
—Pues yo me estoy meando, no puedo más, así que vas a tener que esperar.
—Quita, quita, que se me está ocurriendo una idea, que esto me ha puesto muy cachonda. Sexo al aire libre, mmmm. Mira, aquí había una fuente antes.
—¿Qué dices?

La amiga bajó el escalón de la parcela ajardinada e invitó a su amiga para que se acercara al borde mientras dejaba sus bonitas y grandes tetas al aire.
—Que sí, que sí, ponte ahí, así, méame, vamos, quiero tu lluvia dorada sobre mis tetas.
—Pero que a mí me gustan los tíos, que esto es muy violento…
—Joder, que da igual, ahora nos folla este chico tan guapo, ya sabes que a mí me gusta todo.
—Bueno, uff, venga, que no puedo aguantarme más, allá voy.

La amiga se duchó entre jadeos en el líquido caliente y espumoso. Enseguida y casi sin mediar palabra, el chico, con el pene bien erecto, se unió a la fiesta y deseó que también disfrutase con su orina, un chorro mucho más concentrado y potente que el de la mujer, que ya había empapado a su amiga por completo.

—Joder, cómo me he puesto de cachonda —dijo saboreando la lluvia dorada que aún resbalaba por su boca. Se dirigió al chico—: Tú, ¡necesito que me folles ya!

Le agarró el pene y se lo metió en la boca con avidez. No quería que perdiese la erección.

—Fóllame, por favor, fóllame.
—¡Eh, que yo también quiero!
—Tú ya te has aliviado meándote, ahora deja que goce yo.
—¿Tú no decías que llegábamos tarde?
—Anda y que te follen.
—¡Eso quisiera yo!

La rubia se resignó y se dedicó a masturbarse mientras aquellos dos jadeaban en mitad del parque.

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