(El relato porno que os presentamos hoy en este blog porno va sobre clases sociales, sobre sofás forrados de rojo y rubias ardientes y caprichosas):

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Su fisioterapeuta siempre había sido un poco insolente. Desde que Lucy se había lesionado jugando al pádel, ese hombre bien plantado, parco en palabras y algo maleducado la había estado cuidando en casa. Y aunque ya estaba casi recuperada y le irritaba sobremanera, lo cierto es que siguió llamándole.

follando en el sofa

Hasta que Lucy se dio cuenta de una cosa: le deseaba, y en más de una ocasión se había sorprendido imaginándoselo follando en el sofa.

No le había visto anillo ni cosas por el estilo, así que a lo mejor no tenía novia. Por supuesto, no era de su tipo… Bueno, sí que lo era, estaba buenísimo, musculoso, buen perfil… Pero era un simple trabajador, aunque se hubiese quedado viuda, no podía juntarse con cualquiera.

Quizá por eso discutían tanto, y eso que él siempre venía a hacer su trabajo, muy profesional, y procuraba no darle mucha conversación. Pero resultaba inevitable. Bastaba un comentario sobre política en el televisor o una mirada reprobatoria suya cuando se fijaba en su abrigo de piel… y ya la tenían montada.

Por algún motivo, él no se fijaba en que estaba masajeando a una mujer sexy sin pareja, sino que solo veía a una rubia rica y caprichosa que tenía que pedir perdón por vivir en una casa enorme que no tenía que pagar cada mes como el resto de mortales.

En fin, que eran tiranteces, conflictos más propios de épocas del pasado, en su opinión. Ella no iba por ahí con el cuello estirado ni le trataba como una tirana por el hecho de estar pagándole por estas sesiones a domicilio, pero había algo de ella que a él le fastidiaba, y entonces Lucy se ponía a la defensiva y sacaba a relucir su orgullo de nueva rica, sus ideas políticas y su opinión en cuestiones diversas que no venían al caso.

Pero también, y ahora se daba cuenta de ello, esas discusiones la ponían a cien…

(Continuará)

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