Santa Claus tiene la polla negra (1)

6 meses hace

(Para celebrar estas fechas tan señaladas te proponemos un relato erotico de sexo navideño, con una rubia y una polla negra, ¡que lo disfrutes!):

Kate es una chica rubia muy atractiva que todavía vive con sus padres, y en su casa siempre se ha celebrado la Navidad al estilo tradicional, con el árbol, el calcetín sobre la chimenea, el aperitivo para Santa Claus y la ilusión de que ese tipo gordo, barbudo y jovial va a bajar por la chimenea cargado de regalos.

El caso es que las últimas Navidades Kate pidió algo distinto a Santa Claus, un novio que merezca la pena, que está muy necesitada (algo raro, teniendo en cuenta que es una chica muy exuberante). Ella, como decíamos, respeta la tradición al máximo, y no se le ocurre bajar a espiar los regalos antes de tiempo, pero esta Nochebuena lo hizo por un motivo justificado: ¡se había olvidado de poner el plato con leche y galletas para Santa Claus! ¡Se quedaría sin regalo! ¡Otro año más sin novio!

No podía permitirlo; se levantó de la cama y bajó las escaleras de puntillas para llegar a la cocina sin despertar a nadie y preparar el aperitivo de Santa antes de que este llegase. Miró el reloj y por un momento supo que no llegaría a tiempo, pero tenía que intentarlo de todas formas.

Como no podía entretenerse demasiado, salió a la carrera de la cocina al salón con un paquete de leche sin el vaso y con un plato de galletas. Con las prisas, tropezó con el pie de una lamparita y afortunadamente cayó en el sofá, por lo que no hizo ruido, aunque la leche se derramó y las galletas se esparcieron por los cojines.

Aturdida, al levantar la cabeza para incorporarse, se topó de bruces con un traje rojo que la dejó perpleja. Alzó la cabeza y, con la boca abierta, descubrió algo sorprendente… ¡Santa Claus existe! ¡Y es negro!

—Levántate, cariño —le dijo con una voz profunda y muy varonil; tenía una espesa barba canosa que le amortiguaba la voz, y desde luego no tenía tanta panza como decían, de lo contrario no cabría por las chimeneas.

—Lo siento, pero no he podido prepararte el aperitivo, cuánto lo siento… —sollozó ella, todavía aturdida.

–No importa, cariño, hay otra cosa que puedes ofrecerme y que en parte satisfará los deseos que me has expresado en tu carta.

Ella lo entendió al instante al observar el paquete abultado que tenía bajo su cinturón navideño.

—Dame tu polla negro —le dijo ella.

(No te pierdas el desenlace mañana si quieres ver a una rubia mamando polla negra hasta reventar)

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