(Peculiar relato de vampiros sexo y orgías con mucho aceite. Lo pasarás de miedo… Esta es la primera parte, mañana podrás leer la segunda y disfrutar del vídeo de sexo gratis que la acompaña):

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Olvida todo lo que creías conocer sobre los vampiros. Todo, pero todo, ¿eh? Y lo más importante, olvida lo que creías saber sobre el sexo con vampiros, eso de que te muerden, la sangre, que pierden el control… ¡bobadas!

¿Que como lo sé?

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Para empezar, no estoy aquí para contarte historias sobre vampiros. No sé mucho sobre qué son ni sobre todos esos mitos de la cruz, los colmillos y el ajo (y ni que decir tiene de los afeminados vampiros de instituto que se llevan tanto últimamente).

Yo te hablo de personas que te absorben de verdad, personas en cuyos brazos caes sin remisión, dispuesto a todo por placer.

Hay algo cierto en todas esas historias que se cuentan: las vampiras van de caza (te hablo de ellas en femenino porque no he conocido a hombres vampiro). En mi caso, estaba en un chiringuito de playa cuando el GRUPO de cinco mujeres muy ardientes y sensuales se fijó en mí. No buscaban a otro grupo de hombres para ir emparejándose, me buscaban a mí. El porqué lo desconozco.

¿Cómo iba a negarme? Quiero pensar que utilizaron técnicas de control mental como en las películas, pero a decir verdad yo estaba muy cachondo, algo bebido, y joder, eran cinco mujeres con poquita ropa y muchas ganas de sexo, ¿qué hombre podría haberse negado a eso?

Imagíname rodeado en aquella piscina privada a la que me llevaron, imagíname rodeado de vampiresas desnudas ávidas de un líquido diferente a mi sangre…

Me querían a mí, por supuesto que eran vampiras, me dejaron seco, absorbían con avidez todo lo que había en mí, mis energías, mi semen, mi capacidad para pensar en lo que estaba haciendo, en lo que me estaban haciendo…

Me echaron allí en esa tumbona, cinco pares de manos recorriendo mis muslos, mi torso, mis huevos al tiempo que vertían aceites lubricantes, una y otra vez, chorro tras chorro, hasta que era imposible que sus deliciosos dedos no resbalasen sobre mi piel al mínimo contacto. Mi pene se mantenía erecto, pero sus caricias eran sutiles, volátiles, era el mejor gang bang de mi vida, pero yo apenas podía hacer otra cosa que contemplar sus cuerpos desnudos, cómo reían, cómo me miraban con HAMBRE.

(Continuará)

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