Hoy en Sexo Gratis nos disfrazamos de aprendices de historiadores y os vamos a recordar unas cuantas cosillas que nos cuenta la historia oficial sobre la antigua Roma, en concreto sobre el tema del sexo. De la historia oficial nos conviene siempre desconfiar, pero en cualquier caso y en un tema tan complicado como rescatar las costumbres de una época tan pretérita vamos a destacar algunas notas cuando menos curiosas y morbosas.

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El sexo en la antigua Roma tenía su punto de película porno, no es de extrañar que muchos directores hayan querido ambientar sus historias en esta época de togas, emperadores tiránicos y guapas esclavas.

sexo en la antigua Roma

Para empezar, las putas en Roma gozaban de una condición social mucho más respetable que la de nuestros días. De hecho, muchas eran sacerdotisas que daban consejos a las mujeres que deseaban tener hijos y no podían y les hacían un pequeño ritual consistente en azotarlas con una rama a la que llamaban “puta”, de ahí se supone que viene el término.

Es más, el vocablo fornicar, que aunque a pie de calle no utilicemos mucho viene a ser un sinónimo de follar, procede según dicen de las habitaciones en donde las sacerdotisas sagradas atendían a sus clientes, habitaciones llamadas fornices.

El proxeneta actual tenía en aquella época y lugar una figura mucho más honrosa llamada Leno, que era un poco como el gerente de la “empresa”, quien se aseguraba de que los servicios de sus prostitutas fueran los adecuados, y de instruirlas en las artes amatorias si hacía falta.

Incluso por aquel entonces había clases de prostitutas. El sexo en Roma que se hacía mediante prostitutas también era obviamente de pago, y por ello había prostitutas o sacerdotisas que tenían normalmente un símbolo en sus habitaciones en función de qué categoría fuese la suya; las había que podían elegir a qué clientes atender, las que atendían a cualquiera que pudiera pagar, y lo que ahora se conocería como una prostituta de lujo.

Como puede verse, el sexo en Roma por aquella época tenía también muchas posibilidades en este sentido, y de hecho según cuentan había una emperatriz llamada Mesalina que era adicta al sexo (la ninfómana de nuestros días), y que tenía un trato con una prostituta para sustituirla sin que nadie se diese cuenta.

¿Es o no es como para un argumento de una película? Eso sí, si los directores porno fuesen fieles a esta historia que nos cuentan, lo tendrían complicado, porque la felación no era una práctica muy frecuente.

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