(Segunda parte del relato de sexo gratis de ayer sobre una chica motera dispuesta a pagar cualquier precio para conseguir una Harley estupenda de segunda mano):

 

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Fotografía: markpayne

Mason creía que iba a ser más difícil, pero en cuanto le bajó los pantalones a Jordan y el joven comenzó a bajar el precio de la moto entre jadeos, supo que se llevaría una ganga, y que además sería divertido negociar.

La tenía rocosa, larga como un periscopio, y además había tenido la deferencia de traerla bien limpia y aseada. Así daba gusto hacer tratos. Comenzó a chupársela con energía. Sabía deliciosa. Quería exprimirle todo su jugo. Las chicas moteras eran así, decididas, fuertes.

—¿Tú también vas tatuada? —dijo Jordan, más que nada por pensar en otra cosa que no fueran sus tetas operadas y enormes y la impresionante mamada que le estaba haciendo, o de lo contrario no duraría ni dos segundos. Y necesitaba prolongar la negociación cuanto pudiera.

—Sí —dijo ella, sin dejar de chupar ni de mirarle a los ojos con lujuria. ¡Cuánto quería esa moto!

—Me encantan, uff, no son como esos cursis tatuajes para chicas, es súper macarra. Se nota que eres una motera verdadera, oh, joder, qué bien lo haces… Déjame que te folle por detrás ahora…

Por suerte, antes de una corrida inminente y prematura, apareció el hermano mayor desde la puerta de la casa que comunicaba con el garaje. Era dos años mayor, malhumorado y más fanfarrón aún que su hermanito.

—¿Ya te están timando? ¿Es que no te tengo enseñado que hay que mantener la cabeza fría en las ventas? Además, estáis follando encima de la moto, la vais a estropear, ¡hombre!

—Venga, hermano —dijo Jordan—, no hagas el capullo y deja que esta zorra te la chupe mientras yo la follo por detrás, te digo que merece la pena, es un buen trato, ¡te lo aseguro!

El hermano tampoco pudo resistirse a las enormes tetas de Mason, que hacía rato que ya no eran sostenidas por el top y caían como dos enormes balones de agua mientras su hermano la penetraba con fuerza. Era irresistible la chica, tenía que reconocerlo. A él también se le nublaba el entendimiento ante unas tetas así, por algo eran hermanos.

—¿Llegaremos a un acuerdo? —gimió Mason.

—Oh, sí, claro que sí —dijeron al unísono los hermanos.

Por cierto, también se corrieron juntos, sobre ella y sobre la moto. “Un detalle sin importancia”, pensó Mason. Había conseguido una ganga, y una buena follada doble de regalo.

(Y a continuación, uno de los videos tetonas en el que está inspirado este relato):

Una respuesta a Tetuda y motera

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